Entrevista con Emily (29), Toronto
Sobre cómo vació su armario de productos para el cuidado de la piel y descubrió que el verdadero problema era el agua.
Cuéntame, ¿cómo empezó tu historia con el cuidado de la piel?
Nunca fui de las que se pasaban horas cuidándose la piel. Siempre pensé que requería demasiado esfuerzo y no creía que se necesitaran veinte pasos solo para tener una piel sana. Pero en algún momento mi piel se volvió de repente muy seca y roja, especialmente después de ducharme. Fue entonces cuando empecé a pensar: bueno, quizás sí que necesito cuidarme la piel.
¿Qué hiciste en aquel entonces?
Caí de lleno en la madriguera del cuidado de la piel. Compré todo lo que veía en TikTok e Instagram. Sueros, tónicos, cremas de marcas que prometían una piel radiante. Algunos de esos productos eran ridículamente caros, pero pensé: si funciona, vale la pena.
Al principio, mi piel pareció mejorar un poco, pero después de un tiempo se volvió más sensible. Empezaron a salirme manchas rojas, mi piel me picaba y nada me sentaba bien.
¿Cuándo decidiste dejarlo?
Una mañana me miré al espejo y sinceramente pensé: ¿qué estoy haciendo?
Mi piel se veía apagada, y sentía que solo estaba cubriendo mi rostro con químicos. Cuando empecé a leer las listas de ingredientes de todos esos productos, me quedé impactada. Tanto alcohol y fragancias que en realidad pueden resecar tu piel.
Ese mismo día, literalmente tiré todo a la basura.
¿Qué hiciste después de eso?
Solo quería darle un respiro a mi piel. Se acabaron las rutinas de diez pasos, los botes caros. Solo agua.
Pero eso tampoco funcionó. Después de ducharme, mi piel seguía tirante y sensible. Fue entonces cuando empecé a preguntarme si el problema no eran mis productos de cuidado de la piel en absoluto.
¿Cómo descubriste que era el agua?
Vi un vídeo en línea que explicaba cómo el agua dura puede alterar el equilibrio natural de la piel.
Ahí fue cuando de repente todo tuvo sentido. Vivo en Toronto, y me enteré de que el agua aquí puede contener minerales y cloro que pueden ser agresivos para la piel.
Mientras investigaba, me encontré con Klense y sus cabezales de ducha con filtro que eliminan el cloro y los metales del agua de la ducha. Sonaba tan lógico que decidí probarlo.
¿Qué notaste después de eso?
En pocos días mi piel ya se sentía diferente. Ya no se sentía tirante después de ducharme, solo suave y calmada.
Después de una semana, la diferencia se hizo realmente notable. Ahora solo uso una crema hidratante sencilla, y mi piel, sinceramente, se ve mejor que cuando tenía un armario entero lleno de productos.
¿Cómo ves ahora el cuidado de la piel?
Para mí, empieza con lo que sale de tu ducha, no con lo que te pones en la piel.
El agua limpia es la base. Mi piel no necesita diez productos. Solo necesita comida sana, cuidado sencillo y agua limpia.

